La realidad

¿Quién ha visto lo que una vez hice? Debería estar durmiendo por un tiempo. Sin embargo, algo me dijo una última vez que no me rinda, pero que sentido tiene después de perderlo todo. Le dije que se callara, esta vez no la seguiría. Continuar leyendo

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Los demás

Nunca se da tanto, como cuando se da esperanzas”

Anatole France

Muchos domingos, feriados o cumpleaños me ha tocado estar en familia, en una muy grande y  muy ruidosa. Muchas veces me termino enojando, siempre algo me molesta: el ruido, un comentario, el hecho de que debería estar haciendo otra cosa. Los días que nos juntamos todos lo que menos hacen es escucharse, todos están ocupados hablando de ellos mismos, sin importarles mucho lo que dicen los demás, ni hablar si algún niño grita o se larga a llorar, lo cual sucede seguido. Mi familia no es la única, no recuerdo ahora ni una persona que le haya importado más la palabra de la persona que tienen al lado que la propia, a menos que tengan un interés o saquen un beneficio de lo que están escuchando. ¿Han visto algún adolescente cuando quiere salir a la noche lo bien que se porta o lo atento que es a los comentarios de su madre? Solo dura un par de horas, tiempo suficiente para conformar a una madre hasta el fin de semana siguiente. ¿Y a un estudiante, cuando va a consulta, de una materia que todavía tiene regular? Hacen las preguntas más estúpidas con tal de meter un comentario.

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Una vez leí un libro, ahora no recuerdo el nombre, pero decía algo como esto: “las personas valoran más a aquellos que los escuchan”. Tal vez la otra persona no tenía comentario alguno o no decía palabra, pero demostraba que las personas quieren ser escuchadas y consideran más educado a aquellos que se quedan, simplemente, oyendo. Obviamente a nadie le gusta ser interrumpido, pero todos quieren interrumpir. He comprobado con el tiempo que es verdad, lo que la mayoría de las personas quieren es ser escuchados, ser reconocidos o hablar simplemente de ellos y sus problemas. Antes, me parecía un poco egoísta este comportamiento. Había algo en las personas que no me gustaba, por comportamientos como esos prefería estar sola.

Pero me di cuenta de pequeños detalles, a los cuales no les había prestado atención. Vivamos dónde vivamos, trabajemos dónde trabajemos, estemos dónde estemos, estudiemos dónde sea pasamos nuestras vidas compartiendo momentos con otras personas, al menos casi todos nosotros. Lo mínimo que podemos hacer es cuidar esas relaciones. Muchos se preguntarán: ¿Por qué? Al menos aquellos que prefieran la soledad. Porque la vida es una sucesión de momentos, en los cuales están involucradas personas. En cualquier empresa, organización, fundación el recurso más importante es el humano, por algo es. Tenemos jefes, clientes, proveedores, compañeros, colegas, profesores, padres, hermanos, tíos, hijos, primos, ahijados, sobrinos, etc. Todos merecen que alguien los escuche y que sea con atención, podemos aprender mucho de ellos, cada persona es única y hermosa en algún sentido. Nunca sabemos cuánto necesita otra persona ser escuchada, tal vez escucharla o decirle algo que la aliente puede ser lo que necesita para salir adelante o volver a fijar el rumbo. Nadie quiere ser juzgado. Me propongo y les propongo contar las veces en el día que miramos a alguien mal, juzgamos antes de conocer, criticamos a alguien sin saber por qué llego a ser lo que es. Voy a empezar a contar desde ahora, voy a dejar de hacer todo eso, voy a ser una persona más comprensiva, tratar de entender a la otra persona. Es un reto, pero todos somos capaces. También voy a volver a meditar, tengo que…

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Nadie quiere escuchar a nadie, pero quiero hacer el intento porque creo que sus vidas se merecen esta pequeña atención. No valemos más que alguna persona pidiendo monedas, ni menos que la persona con más plata sin preocupación alguna (aunque debería estar preocupada). Somos todos iguales, llegamos y nos vamos de la misma manera, y todos merecemos ser escuchados, los más ancianos, los más chicos, el rico, el pobre, el humilde, el deportista, soñador, etc.

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Más allá de que mi familia me vuelva loca algunas veces y no tenga el tiempo suficiente para escucharlos, los momentos con ellos y los demás son los que voy a recordar con más felicidad, no aquel momento que me quedé estudiando o trabajando hasta tarde y solo. El tiempo en el que camino con mi novio son los que más voy a extrañar cuando esté apurada y no tenga el tiempo suficiente para hacerlo. El tiempo de cuidar a mis ahijados, son los más divertidos de mi vida. El tiempo y las risas con mis hermanos, los recuerdos con mis sobrinos.  El tiempo con mi papa, compartir una comida, una salida, son los que más voy a extrañar. Al menos escucharlos para sentirse bien uno mismo, al hacer algo por alguien.

 

 

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Crecer sin saber el camino

He creado este lugar para compartir mis ideas y poder ordenarlas, siento que escribirlas es mi mejor forma de expresión, con la que me siento más cómoda.

Pasé gran parte de mi vida preguntándome si voy por el camino correcto, si cada persona nace con una vocación o puede llegar a dónde quiera, prefiero pensar que la correcta es la segunda. Nunca encontré mi vocación pero estoy segura que puedo hacer lo que quiera, todo lo que me he imaginado y quién sabe, quizá más de lo imaginable… Continuar leyendo